Amapola, lindísima amapola..
Ellas piensan que ella
es tierra y que jamás podrá ser agua, “que mi mente sea agua” me dijo una vez,
como mucho algún día llegaría a ser tierra mojada. Se ríen. Lo dicen porque
creen que no va a parar quieta en ningún lugar y que todo a su alrededor se
mueve a tal velocidad que cuesta hasta crear recuerdos que parezcan reales.
Entonces me hablan de películas
subtituladas con finales dramáticos, de mis lágrimas que son más agua de la que
no es ella, y de esa manía de desaparecer sin avisar para ir con ella.
Las miro sin decir
nada, prefiero esperar a que suelten hasta la última espina, aunque se las
claven a ella. Vuelven a reír y dicen que me quieren. Entonces me dicen, con
pena, que nadie comprende a la gente que siente tan radicalmente la luna llena,
no sé si hablan de mí o hablan de ella, porque lo que ellas no saben es lo
frágil y tierna que puede ser, que ella es agua, perfecta calmada y hermosa
agua, a los que compran flores para la
habitación y acaban regalándolas a desconocidos, a esos que lloran con
cualquier muestra de arte, un video de danza, unas fotografías B&W, una
cinta de un amigo tocando el piano, o un poema desconocido. Se aproximan el
final con un: Todo el mundo teme a esa gente, por eso nadie llegará a seguir
para siempre su corriente, son “mujeres cambiantes” que van de amapola en
amapola. Por eso debes buscar nadar en
aguas y no olvidar que ella es tierra, que saben ellas de nadar cuando viven
ahogadas en sus mentiras, y aunque parezca contradictorio, eso es lo más
espectacular, que nadie sabe que sí es agua y que no todas pueden nadar en
ella.

Les sonrío y empiezo a
cantarles.. Amapola, lindísima amapola, no seas tan ingrata, quiéreme..
mientras
pienso que es agua, que tengo una hermosa amapola que es regada con sus propias
lágrimas, y la mejor parte es que la quiero, cambiante y tranquila.