lunes, 5 de noviembre de 2012

amapola

Amapola, lindísima amapola..
 Ellas piensan que ella es tierra y que jamás podrá ser agua, “que mi mente sea agua” me dijo una vez, como mucho algún día llegaría a ser tierra mojada. Se ríen. Lo dicen porque creen que no va a parar quieta en ningún lugar y que todo a su alrededor se mueve a tal velocidad que cuesta hasta crear recuerdos que parezcan reales. Entonces me  hablan de películas subtituladas con finales dramáticos, de mis lágrimas que son más agua de la que no es ella, y de esa manía de desaparecer sin avisar para ir con ella.
Las miro sin decir nada, prefiero esperar a que suelten hasta la última espina, aunque se las claven a ella. Vuelven a reír y dicen que me quieren. Entonces me dicen, con pena, que nadie comprende a la gente que siente tan radicalmente la luna llena, no sé si hablan de mí o hablan de ella, porque lo que ellas no saben es lo frágil y tierna que puede ser, que ella es agua, perfecta calmada y hermosa agua,  a los que compran flores para la habitación y acaban regalándolas a desconocidos, a esos que lloran con cualquier muestra de arte, un video de danza, unas fotografías B&W, una cinta de un amigo tocando el piano, o un poema desconocido. Se aproximan el final con un: Todo el mundo teme a esa gente, por eso nadie llegará a seguir para siempre su corriente, son “mujeres cambiantes” que van de amapola en amapola. Por eso debes buscar  nadar en aguas y no olvidar que ella es tierra, que saben ellas de nadar cuando viven ahogadas en sus mentiras, y aunque parezca contradictorio, eso es lo más espectacular, que nadie sabe que sí es agua y que no todas pueden nadar en ella.

Les sonrío y empiezo a cantarles.. Amapola, lindísima amapola, no seas tan ingrata, quiéreme.. 


mientras pienso que es agua, que tengo una hermosa amapola que es regada con sus propias lágrimas, y la mejor parte es que la quiero, cambiante y tranquila.