sábado, 10 de noviembre de 2012

Mensajes Envenenados


Entonces podría chuparte dulcemente y tomar todo el dolor por ti, te sacaría todo el veneno y estoy segura que luego de eso querría seguirte chupando, no podría hacerlo de otra manera. Sin pensar en el mañana, sin nada que perder. Solo tenerte a salvo, solo amarte, lo lamento,  quisiera amarte. En el insoportable frió de tus días ausente, extrañándote, deseándote, pensándote, en la frustración de unas lágrimas que no logran escaparse al verte llorar, en las fotos en las que nunca te consigo, en los problemas inconclusos, en las películas que dejamos de ver juntas, en las veces que no te bese lo suficiente, en las noches que no me hiciste tuya, en tus silencios llenos de incomprensión y mis lamentos llenos de tu invierno,  en las velas que nunca se encendieron, en las luces que nunca se extinguieron esas que viven en tu mirada, las que me podrían guiar por el más inhóspito de los desiertos, y me mostrarían el hogar en tus brazos, en las hojas sueltas que me tocan y me dicen cosas hermosas de mil manera que nadie más me podría decir, como olores exóticos en tu cabello, un cigarrillo Camel consumado, y un reloj de arena rompiéndose luego de un primer beso, uno de esos interminables un Jueves por la noche con el corazón acelerado en una expreso de bus, ¿Los puedes ver? Son esos mensajes que te van matando de una manera elegante, delicada, apropiada, con clase, sin dejar una gota de sangre, solo un gran dolor al ver que tienes un buzón de entrada vacío y ninguno nuevo por abrir, entonces ansías verte sangrar, sueñas con sentir algo que te muestre que estas viva de nuevo, como esos pequeños y mágicos mensajes envenenados que te carcomieron el corazón.



  Britanny Noapte.