Es propensa a provocar diluvios de
miradas y que le quieran coser te quieros en la piel. Me encanta mirar el cielo
y escribir deseos para ella en él. Adoro las tormentas que causan sus
pensamientos, sus celos y sus inseguridades y las estrellas que caen en agosto
brillando con sus caricias torpes en la calle. En mi almohada hay miles de
sueños atrapados, su espalda es uno de ellos, todos con ella de dueña. Danzo
con el azar pensando en verla y formulo alquimias a destiempo.
Mis adioses siempre son sordomudos, por eso nunca me despido del todo, a veces suelto lágrimas que solo al dar la vuelta e irme se perciben. Tiene un universo propio, donde reinan el azar, los besos, el fuego y los dolores de nariz. La primera vez que la besé me quedo doliendo la boca, quería que me la terminara de comer toda. Siento nostalgia de ella a todas horas y esté donde esté vivo en la calle del crepúsculo, buscando sus labios, deseando su cuello.
Es tan capaz de parar el tiempo. Huele a besos y a Flower, a cigarrillos y a sensualidad. Sabe a sal y a delirio con un “Oh por Dios” entre gemidos. Adoro la bipolaridad de los sentimientos que provoca en mí. La magia siempre fue su coartada y mis costillas siempre fueron su pasatiempo, podía morderlas hasta hacerme reír. Su mundo siempre apunta al sur, es allí donde los círculos pueden cuadrarse y las lágrimas sólo son migajas de pan que siempre me dejen un camino hacia ella, para nunca jamás perderme.
Mis adioses siempre son sordomudos, por eso nunca me despido del todo, a veces suelto lágrimas que solo al dar la vuelta e irme se perciben. Tiene un universo propio, donde reinan el azar, los besos, el fuego y los dolores de nariz. La primera vez que la besé me quedo doliendo la boca, quería que me la terminara de comer toda. Siento nostalgia de ella a todas horas y esté donde esté vivo en la calle del crepúsculo, buscando sus labios, deseando su cuello.
Es tan capaz de parar el tiempo. Huele a besos y a Flower, a cigarrillos y a sensualidad. Sabe a sal y a delirio con un “Oh por Dios” entre gemidos. Adoro la bipolaridad de los sentimientos que provoca en mí. La magia siempre fue su coartada y mis costillas siempre fueron su pasatiempo, podía morderlas hasta hacerme reír. Su mundo siempre apunta al sur, es allí donde los círculos pueden cuadrarse y las lágrimas sólo son migajas de pan que siempre me dejen un camino hacia ella, para nunca jamás perderme.