No se puede sucumbir a la nostalgia de
lo que aún no ha comenzado, y sin embargo eso fue lo que hice yo aquella noche
al leer el último de sus mensajes, ese que nunca llegó, tirarme en la cama,
cerrar los ojos e imaginar que no estaba sola, que sabía por qué suceden las
cosas y que no te echaba nada de menos.
