- No sabía que ahora te gustan las chicas, y que tienes novia.
- Sí, recién acabamos de empezar.
- Y bien, ¿Quién es?, para ver si vale la pena.
- Y si valiera la pena… ¿ me lo dirías?
- Sin dudarlo.
- Lo sé. –Y nos miramos intensamente a los ojos, mientras ella me sonreía cálidamente y yo le devolvía otra sonrisa idéntica.
- Oh ¡allí viene! – Levanté la mirada y apenas la vi la música dejó de sonar, mi corazón llegó hasta mi garganta y el oxígeno dejo de entrar a mis pulmones, solo como ella lograba hacerlo en un segundo, estaba más hermosa que nunca.
- Y bien, ¿Lo vale? – Me perdí en un profundo silencio que sentí que duraba siglos, antes de lograr responderle.
- A veces ella te dirá cosas realmente crueles que le dolerán a tu personalidad de clítoris hipersensible, pero eso no significa que no te quiera, muchas veces lo hará sin darse cuenta. A veces extrañarás que yo te diga lo hermosa que eres, pero no olvides nunca jamás que solo debes mirarla profundamente a los ojos y lo sabrás, sin parpadear. Y a veces simplemente serás la mujer más feliz del mundo cuando ella roce tu mirada por un segundo, te bese los labios, y te tome de la cintura, entonces las primeras dos no tendrán importancia, y serías realmente estúpida si no aprovechas la tercera.-Terminé mi trago de un sorbo, y logré pararme de la mesa gloriosamente, me encaminé hacia la salida de manera elegante, cuidándome de cualquier paso en falso que desmontara mi insulsa actuación, salí por el espejo, sabiendo que aún nos quedaban muchos momentos que atesorar antes de leernos debajo del polvo.
Monólogo II
- Por qué no te quedas a tomar algo con nosotras?
- Me encantaría, pero debo irme para poder observarlas a través del vitral. 