Te hacía bien lejos
entre bosques de sal y planetas de chocolate
allá donde el dolor no alcanza
y nadie siente frío en el eterno invierno.
Puedo leer en tus ojos el legado de un amor
con lágrimas, y soy afortunada
cuando lo extraordinario
toma mi vida a través de tus manos.
Te veo, estas dentro de mí,
lloraste inútilmente, me amaste en vano.
Al viento ofreciste tu rostro desnudo
y lo dejaste caer en cascada sobre ti.
Como el agua que te calma
cuando no escuchas más que tu mente en eco.
Quise resguardar mi embriaguez en tu piel
y caí al suelo confesando,
cubierta de margaritas,
estaban hermosas, aunque tristes
por qué se creían marchitas.
.jpg)