Muero de amor con esa manera tuya de besarme las comisuras y las sonrisas, de retorcer las sábanas a cosquillas, de contagiarme las canciones y traducirme las calles, las películas y las canciones de los bares.
Muero de amor con tu mirada de fuego y tus manos desatadas. Con los abrazos en semáforos daltónicos, de escudo espacial. Con tu sol cuando buscaba mi sombra para sentirse en paz y con el desorden de te amos que despertabas en mi cintura.
Muero de amor con esos nudos de piernas, con los sueños en voz alta al dormir, con tus pesadillas de dinosaurios al cruzar un puente cuando eras una niña, la calma que hacias nuestra, con los errores provocados y el café con poco azúcar para describirte en las noches largas.
Muero de amor con el aroma a otoño en tus bolsillos, las carreras de lunares por la piel, las miradas que se acortan, las ganas de perdernos en un Atlas y mi manera de llegar tarde y sonriendo.
Muero de amor con tu modo de desnudar la música, con nuestra naturaleza onírica y efímera, con las caricias en el alma, cuando tenía alma, con los besos de puntillas sobre tu piel, esos que no hacían ruido alguno y te enamoraban desnuda, y con los equilibrios sobre líneas discontinuas entre tus labios y mi cuerpo.
Muero de amor con esa ternura con la que me untaste el corazón, con la manera de repartir magia y mariposas verdes, con los "ummm ummm" que me cantas, con los viajes en metro en dirección contraria y con las ganas puestas en el mañana.
Muero de amor, con nada más para contar ahora, con las memorias vacías sin tus horas, con el amor en coma y la infección sin cura.
Muero de amor, con nada más para contar ahora, con las memorias vacías sin tus horas, con el amor en coma y la infección sin cura.
