domingo, 4 de noviembre de 2012

buscandote


Y encuentro entre mis cuadernos mil cosas y solo busco una que me hable de ti
Solo de ti
Encuentro una carta que nunca te entregué, que nunca terminé, y me da una enorme curiosidad saber cómo terminaba:
“Hola hermosísima, quería confesarte algo… sabes ayer cuando me fui contigo en el bus a Caracas, que tu te ibas a San Juan, bueno eso fue algo muy tonto, una locura, pero lo hice por que sabía que cuando te fueras te extrañaría enormemente, lo hice por ti, solo para pelearme un rato con el tiempo y estar un poco más junto a ti… Dicen que el tiempo de Dios es perfecto pero a veces siento que…”
16 de Septiembre del 2012
                                           
y sigo buscando mi pasaporte
Lo encuentro, junto con otra carta que una vez te leí al teléfono:
“Afuera del aeropuerto estaba un Sr gordo, moreno, con una camisa azul de flores blancas, se fumaba un elefante, esos cigarrillos con el orillo verde que tu fumas, ese que te fumabas la noche que te conocí en la discoteca, y comencé a pensar en ti, en realidad ya pensaba en ti antes de encontrarme con el señor, eres mi fuente personal de alegría, me inyectas energía y me haces sentir bien, y cuando estás conmigo me siento segura, cuando te tengo al frente hay mil palabras hermosas que se rompen en mi silencio, y me quedo callada, admirando tu belleza, y pensando todas esas cosas que me gustan de ti, y hacen que me puedas tener y mantenerte en mi regazo, aunque pienses que estoy aquí, en realidad estoy allí, de noche de día, te escribo todos los días, mis sentidos están atados a ti, si me despierto y se que ya no estarás, prefiero dormir eternamente, y continuar soñándote, no quiero entender por qué no puedo respirar si me dejas aquí, hasta que el despertador y la luz del sol le ganen la batalla a mi corazón, el cual tomaste y no quiero que me lo devuelvas”.
22/05/12.
Me causa gracia que haya escrito eso, porque justo ahora me siento insegura cuando no está conmigo, tal vez deje de verlo, o tal vez solo me siento segura entre sus brazos, debí aprender a confiar, tal vez así no me habría asustado tanto.