Cuando
ella dejó de enamorarme fue cuando yo comencé a hacerlo. Que puedo decir soy un
rompecabezas inarmable, incomprensible, terca y todo siempre lo quiero hacer a
mi manera. No compares lo que te di, con lo que deje de darte, no sé si
vendrás, pero mi reloj ya se detuvo, y le pedí al tiempo que dejara de
esperarte, pero retrocedí y a las 11:11 pedí un deseo y cerré los ojos, le pedí
a la hora volver a amarte. Cosa de tontos supongo, pero solamente una cosa
puedo ver, cada vez que detienes mis minutos, es una posibilidad que no te hice
saber. No llegaste a hablarme, ni decirme donde estarías esa noche, pero allí
estaba yo, presa fácil, y no me tomaste, la que se quito la careta, la que supo
esperarte y llorarte en silencio sin pedirte que volvieras, estaba allí de pie,
sabía que te encontraría allí. De nuevo de pie como la vida me enseña, raspada,
herida, pero firme y radiante como una cachetada, controlándome como una rutina
ensayada. Bailaba con otra chica y al alzar la mirada allí estabas, temblé ante
el show que se me vino a la mente,
juraba que no pensaba encontrarte, ya estaba cansada de buscarte, mis “amigas” molestas me armaron un escándalo
pensando que volvía a buscarte, yo lloraba en el baño y maldecía esa estúpida
discoteca, era solo tu mirada, con ojos secos te miré, pocas veces, las
necesarias, las que me permití, yo solo bailaba con otra, fije mi atención en
una mujer de hielo y mirarte no fue la nostalgia, ni la melancolía, mucho menos
la rabia, era la indiferencia la que reinaba esa noche. Me emborrache, baile,
no sé con quién bailé, bailé tanto que al día siguiente me dolían los pies, sé
que me agache y le baile mucho a alguien, recuerdo un Mili te mudaste a Mérida
que haces acá, no recuerdo ni a quién le dije las ganas de besarte que tenía,
la rabia al mirarte me invadía, captar una muestra de tu disfrazada
tranquilidad al celarme, de tu ridiculez al soltarme, qué haces, quién es ella,
me preguntaste, y yo la que nunca te preguntaba nada por no saber si tenía
derecho a respuesta. Sabía que el Show debía continuar y tú tenías el tuyo,
mañana no sabría nada de ti en todo el día, como siempre pasaba cuando a la
discoteca te ibas, yo solo podía mirar tras bastidores y desbaratar tu
pantomima sin que lo adviertieras. Sin sorprenderme por el casting, mucho menos
por la trama, y los actores a esas, tus amigas,
ya la venia venir, a todo ya le había dado vida en mi mente. Haciendo
gala de mí belleza e inteligencia en diez minutos ya no era nadie, no era más
que un robot automático que olvidaba y se divertía. Descubrí que yo también
puedo ser depredadora, cuando quiero lastimarte y herirte, ser cruel con las
palabras y accionar en tu contra, me asusto y prefiero no salir de casa, hasta
que se duerma ese demonio que escondo debajo de mis ligueros rosados. Muchos
rostros, muchos cuerpos, muchos orgasmos, muchos dedos y mucha vanidad, todo es
vacío. Mientras yo sigo orgullosa de no ser una perra y mientras eso pasa más
inalcanzable me convertía, más lejos de tu hábitat me refugiaba, pero te
extrañaba, te extrañé todos esos días, nunca te mentí, nunca jamás llegue a
tener miedo de ocultarte algo que hiciera aparte de amarte. Mientras tú te
esmerabas por sacarme de tus almohadas, yo más te metía en mi mente para
cansarme de ti, para dejarte libre como los sueños, eras lo último en lo que
pensaba cada día antes de largarme a dormir y lo que acompañaba mis amaneceres,
incluso cuando no estabas, cuando estaba alguien más, siempre eras tú. Nunca le di intimidad a nadie más, más que
sexo, nada, no las dejé pasar, era imposible, era tuya. No quería depender de
recuerdos, pero siempre que te veía se me olvidaba todo, te necesitaba, te
terminaba buscando, me humillaba así me decían todos, hoy no sé si solo seguía
a mi corazón o tiraba mi honor en la esquina después de recoger mi ropa
interior en cualquier hotel y ver que eras tú lo que no podía recoger, ya no
quiero temblar cuando te vuelva a encontrar en una discoteca ni mucho menos
sentir que alguna vez pensé que eras para mí.

