Ofendida le recomendé que comprara 50 sombras
de Grey, yo siempre escondiendo mi orgullo detrás de mi cordura, bien no había
querido leer lo que le había escrito y había salido a comprar un libro, al
menos que comprase un libro de provecho, un buen refugio literario con el cual
distraerse, me sorprendí cuando me dijo que justamente ese había comprado, enojada
porque cada día estaba más distante de mi, y frustrada sintiendo que ya no le
interesaba realmente lo que pasaba con nosotras, tomé el tonto libro que tenía
en mi biblioteca, y había terminado de leer el día anterior, lo abrí en la
primera página que encontré, y terminé releyendo esta parte:
“Una vez bajo el oscuro, frío
concreto del estacionamiento con sus sombrías luces fluorescentes, me apoyo
contra la pared y pongo mi cabeza en mis manos. ¿En qué estaba pensando?
Espontáneas e indeseadas lágrimas llenan mis ojos. ¿Por qué estoy llorando? Me hundo en el suelo, enojada conmigo
misma por esta reacción sin sentido. Doblando mis rodillas, me doblo sobre mí
misma. Quiero hacerme tan pequeña como sea posible. Quizás así este absurdo
dolor sea menor mientras más pequeña me vuelva. Colocando mi cabeza sobre mis
rodillas, dejo que las irracionales lágrimas caigan sin restricciones. Lloro
por la pérdida de algo que nunca tuve. Que
ridículo. Estar en duelo por algo que nunca fue… mis frustrados sueños,
esperanzas y mis deterioradas expectativas.”
50 sombras de
Grey
Que irónico que justo así terminó
mi primera cita con Paola, bueno si es que era una cita, ese día comimos, la
fui a buscar en la estación del metro, la acompañé toda la tarde y me escapé de
mi clase de literatura solo para ver lo increíblemente sexy que se veía con sus
gafas de sol, recuerdo cuando la vi en las escaleras del metro, buscándome con
la mirada, pensé, “OMG She`s so hot”, caramba, estaba realmente nerviosa, ¿pueden
creerlo? yo nunca me perdía una clase de literatura, y menos para reencontrarme
con alguien que solo había visto una vez anteriormente en una discoteca, pero
ese día desperté más que feliz por que vería a mi Lírica Romántica en Persona.
No necesitaba viajar a París, tomar Nestea ni acudir a plantas medicinales,
solo necesitaba pensar en ella para que el romanticismo tomara vida, siempre
tan inalcanzable, tan sublime y hermosa, con una ola de sensualidad en cada
recuerdo, era el romanticismo en su máxima expresión, me perdía entre mis
recuerdos y me volvía totalmente lesbiana, más de lo común, escribiendo con
ella entre mis pensamientos, algo que en the L Word le dirían “Muy Gay” o en Mean
Girls “Demasiado gay para funcionar”. Solo con revivirla en mi mente la demasía
de las palabras llegaba a mí, era como la profusión de todos mis sentimientos
desfilando entre las letras de su nombre.
Yo siempre tomé esa salida como una cita, pero
ese famoso primer beso de la primera cita que esperamos todas ansiosamente,
nunca llegó, nunca me besó, recuerdo un relámpago entre sus ojos viendo mi boca
cuando tomamos el ascensor, pero me parecieron ideas mías, sé que la quise
besar durante toda la tarde y su boca me parecía tan arrebatadora y lujuriosa
como la boca de Christian Grey comiéndole los pensamientos a Anastasia,
finalmente me despedí de ella y al dar la vuelta las lágrimas corrieron por mi
rostro oxidando mis expectativas del beso que nunca llego, pensando que tal vez
me veía solo como una amiga, que tal vez no le gustaba en realidad, que tal vez no era su tipo, que tal vez no
era tan linda, sin entender por qué no me beso, me sentí tan ofendida, y
pareciéndome totalmente absurdo de mi parte ponerme a llorar, como me podía
afectar alguien que recién conocía, me sentí como una niña, tonta y lastimada,
desorientada en sus rotas ilusiones, unas que yo misma me forjé. Nunca jamás
entendí porque lloraba, me daba vergüenza admitirlo, y solo lo hago y es luego
de ver que al menos al escritor de 50 sombras de grey se le pasó por la cabeza
que pueden haber personas que sientan más de lo racional, que sufran seriamente
los cambios de clima, las hojas cayendo en el piso o los besos que nunca les
dan, trastornada, tonta, totalmente ridícula, porque si que había sido besada
anteriormente, no como la pobre de Anastasia que nunca jamás había besado a
nadie.
Besar es una de las cosas que más
me ha gustado hacer siempre, besar y jugar con los labios de las demás, besar y
descubrir nuevas maneras de besar, besar a alguien que está sufriendo un ataque
de asma, besar a alguien y descubrir que esa persona también te quería besar,
besos torpes, besos cómplices, amarrar lenguas, morder labios, necesitar de un
kit de primeros auxilios absorbentes para esas personas que parecen tener más
de cincuenta lenguas, y no sabes si estas besando a un perro o a un sabueso o
querer salir corriendo para regalarle un caramelo de menta a la persona que te
besa. Chiste interno. Sería muy cruel si digo nombres.
Recuerdo a una de mis mejores
amigas, me mataría si dijera su nombre así que la llamaré Lisa, nunca había besado jamás a nadie… y yo
nunca me había acostado con nadie, yo me avergonzaba de mi virginidad y ella de
sus labios jamás besados, éramos dos tontas, dos tontas que no veíamos lo
hermosa y especiales que éramos, por eso nos bautizamos como especialmente
tontas, si que éramos tontas, ya después ella emprendió esta relación de “y
vivieron felices por siempre en términos lésbicos” con su actual novia, y yo
perdí mi virginidad en una relación que duró dos años exactos y un anillo de
compromisos que tengo guardado entre mis cosas en la peinadora, si, debería de
sentirme orgullosa por el hecho de que la mujer con la que perdí la virginidad
me pidió matrimonio, nunca había pensado eso.
Solo quiero aclarar que Paola besa increíble
que me encantan sus besos y me vuelve loca, que cuando me besa una ráfaga de
calor crece por mi cuerpo y me quema la pelvis de una manera irracional, que me
quemo por dentro y no hay manera de parar solo seguirla besando para continuar
quemándome, muchas veces evito besarla totalmente por eso mismo, pierdo el
control en su boca, y jamás he querido llamar a los bomberos ni he querido
regalarle una menta o pedir un kit de primeros auxilios, una vez llegué a
temerle a su boca, cuando no estaba segura de si quería entregarme en sus
brazos o salir corriendo antes de terminar loca de amor por ella, para los
curiosos que piensen mal. Mi lírica romántica en besos tiene un doctorado y ya
no hablaré más de ella porque si algún día lee esto no quisiera subirle el ego
al extremo de que después me torture sin sus besos, y mejor me callo antes de
seguirle dando ideas. Besar, besar sin besar, besar y sentir que quisiera nunca
jamás dejar de hacerlo, o besar y no sentir nada, besar y sentir que me quemo
por dentro, besar y sentir que un témpano de hielo se forma en mi garganta,
besar con caricias, besar con palabras, besos, besos, besos apasionados, pero
ella nunca me besó ese día, me sentí como la mujer más tonta del mundo, como si
en ese preciso momento debían colocar mi historia de la primera cita entre no
besos y lágrimas en los records guinnes. Me pareció encantador cuando leí eso y
reviví en mi mente mis ojos llorosos viendo a través de la ventana del metro, y
ese frustrante sentimiento de incomprensión, de no saber por qué lloraba. Bueno
al menos no soy la única anormal en el mundo, al menos un personaje ficticio de
un libro llego a llorar también en su primera cita por no haber sido besada.
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