Habías vuelto a enfermar, cáncer, un prolapso, una
complicación post operatoria, un muñón, todos adivinaban pero ningún médico te
curaba, la Universidad no les sirvió de nada. Te inyectamos hormonas, antibióticos,
te llenamos de crema, vivías con el cono de la vergüenza como collar, me paraba
a las dos de la mañana para darte el antibiótico y a las cinco de la mañana para que fueras al
baño, te alzaba siempre que te desmayabas, casi no salía de la casa por cuidarte,
te estabas muriendo y ningún médico te ayudaba, no era ignorante por odiarlos,
solo te amaba, no sabían que tenias y yo me quedaba sin ti. Al final solo me
toco aceptar que estarías mejor si dejabas de sufrir y te dejábamos ir, te
acompañe hasta el último aliento, te susurré que te amaba al oído mientras
cerrabas tus ojitos y una lágrima cayó
en tu mejilla casi sin poder evitarlo, no quería que supieras lo triste que
estaba por tu partida, quería que te fueras feliz y te sintieras amada, pero
ese fue mi último afecto de amor, ya luego dejaste de respirar sobre mis
piernas y un nudo inmenso amarró mi garganta para siempre con tu adiós, mi ropa
dejó de tener pelos y dejé de ser cuidadosa a la hora de comer para que no me
velaras, por la casa salían y entraban dejando la reja abierta, los domingos
eran nuestros días, salir los domingos siempre me daba un enorme pesar, solo
para pasearte lo hacía y de echo me divertía, ahora solo me tiro a leer en el
jardín y ver a los vecinos pasear a sus perros, ya nadie me volvió a recibir
después de tener un mal día, ya más nunca compré pollo en braza de esa pollera
donde te comías hasta la guasacaca, ya no me preocupa si esta tronando y
relampagueando, ya a nadie le gritaré por lanzarte fuegos artificiales, y
siempre al ver esa media luna plateada salir por las noches siempre recordaré
tu lunar en el cuello. Te extraño.