lunes, 5 de noviembre de 2012

Luna


Habías vuelto a enfermar, cáncer, un prolapso, una complicación post operatoria, un muñón, todos adivinaban pero ningún médico te curaba, la Universidad no les sirvió de nada. Te inyectamos hormonas, antibióticos, te llenamos de crema, vivías con el cono de la vergüenza como collar, me paraba a las dos de la mañana para darte el antibiótico y  a las cinco de la mañana para que fueras al baño, te alzaba siempre que te desmayabas, casi no salía de la casa por cuidarte, te estabas muriendo y ningún médico te ayudaba, no era ignorante por odiarlos, solo te amaba, no sabían que tenias y yo me quedaba sin ti. Al final solo me toco aceptar que estarías mejor si dejabas de sufrir y te dejábamos ir, te acompañe hasta el último aliento, te susurré que te amaba al oído mientras cerrabas tus ojitos y  una lágrima cayó en tu mejilla casi sin poder evitarlo, no quería que supieras lo triste que estaba por tu partida, quería que te fueras feliz y te sintieras amada, pero ese fue mi último afecto de amor, ya luego dejaste de respirar sobre mis piernas y un nudo inmenso amarró mi garganta para siempre con tu adiós, mi ropa dejó de tener pelos y dejé de ser cuidadosa a la hora de comer para que no me velaras, por la casa salían y entraban dejando la reja abierta, los domingos eran nuestros días, salir los domingos siempre me daba un enorme pesar, solo para pasearte lo hacía y de echo me divertía, ahora solo me tiro a leer en el jardín y ver a los vecinos pasear a sus perros, ya nadie me volvió a recibir después de tener un mal día, ya más nunca compré pollo en braza de esa pollera donde te comías hasta la guasacaca, ya no me preocupa si esta tronando y relampagueando, ya a nadie le gritaré por lanzarte fuegos artificiales, y siempre al ver esa media luna plateada salir por las noches siempre recordaré tu lunar en el cuello. Te extraño.